El daño psíquico en un informe pericial es una cuestión muy complicada. Seguramente te preguntes cómo lo va a considerar el perito médico judicial, cómo se defiende el diagnóstico, cómo se evita que la parte contraria lo reduzca a un mero estado emocional…
El daño psíquico es uno de los terrenos más incomprendidos en un procedimiento. A veces se minimiza porque “no hay una radiografía” y otras se cuestiona por prejuicios: “es subjetivo”. Sin embargo, una valoración pericial bien hecha puede acreditar con rigor un cuadro psicológico tras:
accidente de tráfico,
accidente laboral,
agresión,
negligencia médica con vivencia traumática,
eventos críticos.
Qué diferencia hay entre malestar normal y secuela psicológica
Tras un hecho traumático es normal pasar por miedo, tristeza o irritabilidad. El peritaje entra cuando:
los síntomas persisten,
hay deterioro funcional,
existe tratamiento o necesidad de él,
y la evolución es compatible con un trastorno clínico.
La clave es el impacto en vida diaria, no solo la etiqueta diagnóstica.
Cómo se construye una valoración pericial de daño psíquico sólida
1) Estado previo (sin convertirlo en un juicio moral)
Se analiza si había antecedentes y, sobre todo, el nivel de funcionamiento previo:
trabajo,
vida social,
estabilidad emocional.
Esto es crucial cuando la parte contraria intenta decir “ya estaba así”.
5) Funcionalidad: la pieza que “convence” en sede judicial
Ejemplos concretos valen más que adjetivos:
“No conduce desde el accidente; evita autopistas.”
“No sostiene turnos; crisis de ansiedad en espacios cerrados.”
“Alteración persistente del sueño con impacto en rendimiento.”
Cómo suelen intentar rebatir el daño psíquico (y cómo se responde)
“Eso es estrés normal”: se responde con persistencia, intensidad y deterioro funcional.
“No hay pruebas”: se responde con metodología clínica, tratamiento y coherencia temporal.
“Es previo”: se responde con comparación de funcionamiento antes/después y evolución.
Preguntas frecuentes
¿Hace falta estar en tratamiento para reclamar?
No siempre, pero suele reforzar el caso. Si no lo hay, el perito debe explicar por qué el cuadro existe igualmente.
¿Se puede valorar junto a lesiones físicas?
Sí, y de hecho es frecuente: cuando el daño físico se estabiliza, el psicológico puede persistir.
Preguntas Frecuentes: Daño Psíquico en el Informe Pericial
El perito se basa en criterios clínicos objetivos: persistencia, intensidad e impacto funcional. Una reacción de estrés agudo es normal tras un trauma, pero si los síntomas (ansiedad, insomnio, evitación) perduran más de 1-3 meses y limitan significativamente la vida laboral, social o familiar, se configura un trastorno clínico (ej., TEPT, depresión reactiva). El informe evalúa la cronología, la respuesta al tiempo y al tratamiento, y sobre todo, el deterioro del funcionamiento previo. No es una mera «etiqueta», sino la documentación de un sufrimiento que ha alterado la capacidad de la persona para desarrollar su vida habitual.
Se sigue un protocolo estructurado: 1) Análisis del estado previo (antecedentes y nivel de funcionamiento). 2) Evaluación clínica actual mediante entrevista diagnóstica y exploración psicopatológica. 3) Revisión de toda la documentación (informes psicológicos/psiquiátricos, tratamientos, bajas laborales). 4) Uso de pruebas psicométricas válidas (escalas de ansiedad, depresión, TEPT) como apoyo, nunca como único criterio. 5) Valoración del nexo causal con el evento traumático, descartando causas alternativas. Esta metodología multicomponente sustituye la supuesta «subjetividad» por datos clínicos contrastables.
El impacto funcional se acredita con ejemplos concretos y medibles de limitaciones en la vida diaria. Un informe sólido describe: «Incapacidad para conducir por ansiedad en tráfico denso, evitando autopistas desde el accidente», «Necesidad de adaptar el puesto de trabajo debido a crisis de pánico en espacios cerrados», «Alteración persistente del sueño (menos de 4 horas) con somnolencia diaria que afecta al rendimiento», o «Aislamiento social progresivo por evitación de lugares que recuerdan el trauma». Estas descripciones trasladan el diagnóstico a consecuencias reales, que son las que fundamentan el perjuicio personal y la necesidad de indemnización.
Un buen peritaje no ignora los antecedentes, los analiza. La estrategia es demostrar el agravamiento significativo o la descompensación de una condición previa estable. El perito compara documentalmente el nivel de funcionamiento antes del evento (trabajo, relaciones, tratamiento previo) con la situación posterior. Aunque existiera una vulnerabilidad previa (ej., ansiedad base), si el hecho traumático causó un empeoramiento cualitativo y mantenido (nuevos síntomas, incapacidad laboral, necesidad de tratamiento intensivo), ese daño adicional es indemnizable. La clave está en la ruptura de la línea de vida previa causada por el accidente o agresión.
No es un requisito legal absoluto, pero sí es un elemento de prueba muy robusto. Un tratamiento activo documenta la existencia del cuadro, su gravedad, la evolución y la respuesta terapéutica. Si no hay tratamiento, el perito debe explicar convincentemente por qué (ej., barreras económicas, miedo al estigma, falta de diagnóstico adecuado) y basar su evaluación en otros pilares: la exploración clínica actual, los informes previos, el impacto funcional objetivo y la coherencia del relato. Sin embargo, la ausencia de tratamiento puede ser usada por la contraria para cuestionar la gravedad, por lo que se recomienda iniciarlo siempre que sea posible.
Se realiza una valoración integral pero diferenciada. El perito médico (traumatólogo, rehabilitador) valora las secuelas físicas y su impacto. El perito psicólogo o psiquiatra valora el daño psíquico, estableciendo el nexo tanto con el impacto emocional directo del evento traumático como con las limitaciones y el sufrimiento derivados de las propias lesiones físicas (dolor crónico, incapacidad, cambios de imagen corporal). Es frecuente que la estabilización física preceda a la psicológica. Un informe conjunto o coordinado muestra cómo ambos componentes interactúan, generando un perjuicio global mayor que la mera suma de las partes.
Toda documentación que trace una línea temporal clara: Informes psicológicos o psiquiátricos (diagnósticos, evolución), facturas y justificantes de tratamiento, partes de baja laboral que mencionen componente ansioso-depresivo, comunicaciones con la empresa sobre adaptaciones por salud mental, prescripciones médicas de psicofármacos, e incluso registros personales (diario de sueño, anotaciones sobre crisis, fotos de agendas que muestren aislamiento). También es útil cualquier documento que acredite el funcionamiento previo normal (evaluaciones laborales, certificados de cursos, etc.). Cuanta más evidencia contextual, más difícil será reducir tu caso a «solo estrés».
Nuestro enfoque es proactivo y anticipatorio. Sabemos los argumentos típicos («no hay pruebas objetivas», «es estrés normal», «era previo») y construimos el informe para rebatirlos desde el principio. Nuestros peritos, especialistas en psicología forense, utilizan metodología clínica rigurosa y se centran en demostrar el impacto funcional concreto y el nexo causal incontestable. Redactamos informes claros, didácticos para jueces y abogados, que transforman la experiencia subjetiva en datos clínicos evaluables. No nos limitamos a diagnosticar; explicamos por qué ese diagnóstico se traduce en un perjuicio real y cuantificable, cerrando las vías por las que suelen intentar minimizar el daño.
Daño psíquico en un informe pericial
Si sientes que el componente psicológico de tu caso se está ignorando o minimizando, un informe pericial de daño psíquico puede ser decisivo para acreditar limitación real y nexo con el hecho traumático.
Contratar un perito médico en Madrid es más eficaz cuando médicos y abogados trabajan codo con codo. En Grupo Durango, este enfoque integral nos permite ofrecer informes periciales perfectamente adaptados a las necesidades legales de cada caso. La coordinación directa entre especialistas médicos y jurídicos garantiza agilidad, rigor técnico y una defensa sólida de tus derechos desde el primer momento.
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