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Obesidad: la epidemia del siglo XXI

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La obesidad es una enfermedad crónica que no solo afecta a la salud de las personas, sino que repercute en la vida laboral y puede dificultar ostensiblemente la realización de un trabajo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la obesidad como “una acumulación excesiva o anormal de grasa que puede ser perjudicial para la salud”.

La obesidad ha llegado a ser tildada de epidemia al tratarse de un mal que se ha desarrollado de manera creciente y alarmante durante las 3 últimas décadas. Especialmente preocupantes son los datos de obesidad infantil, que señalan que existen en el mundo más de 42 millones de niños menores de 5 años en situación de sobrepeso.

Para determinar los límites entre un peso normal y el sobrepeso, se recurre como indicador al Índice de Masa Corporal (IMC), que se calcula en base a la relación entre el peso y la altura del individuo:

– El sobrepeso se encuentra entre el 25 y el 29,9 de IMC.

– Estaremos hablando de obesidad cuando el IMC se encuentre entre 30 y 39,9.

– La clasificación de obesidad mórbida aparece en valores de IMC de entre 40 y 49,9.

Existe un gran número de enfermedades que pueden ser introducidas por la obesidad. Este es el caso de la diabetes, la apnea obstructiva del sueño, la hipertensión, algunas enfermedades cardiovasculares, la osteoartritis, algunos tipos de cáncer, trastornos alimenticios y trastornos psicológicos como la depresión.

Las causas de la obesidad son múltiples, pero tienen mucho que ver con el estilo de vida actual y con la mala alimentación, aparte de la influencia de los factores genéticos. En los últimos años ha aumentado la ingesta de alimentos hipercalóricos ricos en grasas y azúcares, a la vez que se ha instalado en la sociedad un gran sedentarismo tanto en niños como en adultos. La suma de todo esto provoca un desequilibrio en la balanza entre calorías consumidas y gastadas.

Por otro lado, cabe destacar que el estrés que provoca generalmente el trabajo, además de hábitos poco saludables como el de fumar, contribuyen al aumento de peso.

Asimismo, la falta de actividad física es una de las claves de la obesidad. La facilidad de transporte de las ciudades, los trabajos de oficina y pasar excesivo tiempo frente a ordenadores y televisores, son algunos de los culpables del sedentarismo que hemos mencionado anteriormente.

Resulta bastante evidente que para tratar la obesidad es necesario modificar los hábitos alimenticios y realizar actividad física diaria. Como estamos hablando de una patología crónica es necesario mantener el tratamiento de por vida para mantener un control sobre el peso.

La obesidad repercute directamente en el mundo laboral, de hecho, está demostrado que en personas con obesidad el índice de absentismo laboral aumenta considerablemente, lo cual provoca que las empresas tengan reticencias a la hora de contratar trabajadores obesos.

El impacto de la multitud de problemas de salud a los que da lugar la obesidad puede hacer al paciente susceptible de una incapacidad laboral e incluso hacerle beneficiario de un certificado de discapacidad. En efecto, el estado físico de una persona obesa puede perjudicar gravemente su movilidad e impedirle la realización de acciones básicas para la vida diaria.

El caso más específico para alcanzar estas calificaciones es el de la obesidad mórbida, aunque se da por supuesto que hay que valorar la situación de cada paciente de manera independiente en función del cuadro clínico y de su profesión.

Una exploración médica y un informe médico pericial serían vitales para valorar si la obesidad y sus secuelas tienen la gravedad suficiente como para conseguir una incapacidad permanente, y en consecuencia, para demostrar que suponen una limitación para la actividad laboral del paciente.

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